lunes, 16 de mayo de 2011
sábado, 7 de mayo de 2011
Despenalización
Diputados encabezan multitudinaria marcha por la despenalización en Buenos Aires
Los diputados Lozano, Donda y Merchán marcharon junto a más de 15 mil usuarios y cultivadores en Buenos Aires para pedir por la despenalización de la tenencia de drogas, en simultáneo con otras 10 mil personas que se manifestaron en más de 20 ciudades de Argentina
Hoy, sábado 7 de mayo, se celebró la Marcha Mundial de la Marihuana. Organizada en forma autónoma en casa ciudad y coordinada a nivel nacional por la Revista THC , en simultáneo con 250 ciudades del mundo, más de 25 mil activistas y usuarios de cannabis, legisladores y personas comprometidas con el respeto a las libertades individuales se congregaron en 23 ciudades de Argentina para pedir una reforma de la ley de drogas que derogue la tenencia simple y termine con las detenciones, la discriminación y el maltrato a los usuarios y cultivadores.
En la ciudad de Buenos Aires, más de 15 mil personas marcharon desde Plaza de Mayo hasta el Congreso de la Nación , en una columna encabezada por usuarios, cultivadores, agrupaciones y los diputados nacionales Claudio Lozano, Victoria Donda y Cecilia Merchán. Estas dos últimas, son las autoras del único de los cinco proyectos de ley que anula la tenencia simple, categoría por la que hoy, según la actual ley de drogas, cualquier persona puede ser detenida y procesada por el simple hecho de tener en su poder una sustancia o una planta. De este modo, el proyecto propone una persecución más eficaz del narcotráfico, al concentrar las fuerzas policiales en la sanción de los delitos de comercio y respetar a la vez los Derechos Humanos.
Sosteniendo el grito “Libertad, libertad, a los presos por plantar” que comenzó Matías Faray, fundador de la Agrupación Cannábica del Oeste (ACO) recientemente excarcelado luego de pasar 15 días en una comisaría por un cultivo doméstico, la columna avanzó firme y a contramano por la Avenida de Mayo. La bandera que antecedía a la multitud reclamaba: “Despenalización Ya. No a la tenencia simple”, en referencia a la figura penal por la que más de 9 mil usuarios de drogas son criminalizados por año. La cargaban consumidores, cultivadores de cannabis, usuarios medicinales, promotores de la reducción de daños y los diputados nacionales Donda, Merchán y Lozano. La marcha contó con el apoyo oficial del INADI, cuya vicepresidenta María Raschid, actualmente de viaje, envió su apoyo y una carta que fue leída desde el escenario.
Al llegar a Plaza Congreso, la multitud presenció los discursos de representantes de usuarios y cultivadores, del conocido abogado Joe Stefanolo y de la diputada Donda. “¿Cómo vamos a pelear en serio contra el narcotráfico si no despenalizamos el cultivo para consumo personal y la tenencia simple?”, se preguntó la diputada frente a miles de personas que la escuchaban con atención. “El cambio de ley es urgente, tenemos que hacerlo ahora, no se puede esperar mientras está en peligro la vida de una persona por su elección”, reclamó Donda desde el escenario en medio de un aplauso multitudinario. “La ley de drogas no sólo ataca nuestro derecho a elegir, también viola nuestro derecho a vivir y a los Derechos Humanos, si no que le pregunten a William Vargas”, sentenció, en referencia al joven mendocino condenado a 3 años de prisión por “tenencia simple” de 7 plantas de marihuana y posteriormente torturado en un penal de Mendoza. A su turno hablaron desde el escenario: Veronica Russo (referente nacional de la Red Argentina por los Derechos y Asistencia de los/as Usuarios/as de Drogas), Ricardo Pabeto (Asociación de Reducción de Daños de Argentina), Adriana Funaro (agrupación Cannabicultora de Zona Sur), Juan Pablo Felipponi (Asociación Cannabica de Buenos Aires), Matias Faray (ACO) y la legisladora de la ciudad de Buenos Aires, María José Lubertino.
En Córdoba, Rosario, Bahía Blanca, Bariloche, La Rioja , Comodoro Rivadavia, El Bolsón, Formosa, La Plata , Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Resistencia, Río Grande, Catamarca, Salta, San Juan, San Luis, Tucumán, San Pedro, Ushuahia y Venado Tuerto, más 10 mil manifestantes se unieron al reclamo. En Rosario, 3 mil personas marcharon desde Plaza Pringles hasta la Plaza de la Bandera , mientras que en Córdoba también fueron casi 3 mil los asistentes que se congregaron en el parque Las Heras.
En Córdoba, Rosario, Bahía Blanca, Bariloche, La Rioja , Comodoro Rivadavia, El Bolsón, Formosa, La Plata , Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Resistencia, Río Grande, Catamarca, Salta, San Juan, San Luis, Tucumán, San Pedro, Ushuahia y Venado Tuerto, más 10 mil manifestantes se unieron al reclamo. En Rosario, 3 mil personas marcharon desde Plaza Pringles hasta la Plaza de la Bandera , mientras que en Córdoba también fueron casi 3 mil los asistentes que se congregaron en el parque Las Heras.
Rosario. 3.000 personas
Córdoba. 2.500 personas
La Plata. 700 personas
Mar del Plata. 550 personas
Comodoro Rivadavia. 500 personas
Resistencia. 250 personas
Salta. 250 personas
Bariloche. 200 personas
Bahía Blanca. 150 personas
Río Grande. 150 personas
San Miguel de Tucumán 150 personas
San Luis. 150 personas
San Juan. 100 personas
El Bolsón.100 personas
La Rioja. 60 personas
Formosa. 50 personas
Ushuaia. 50 personas
sábado, 30 de abril de 2011
Liberaron a Matías Faray
La jueza no bancó las presiones y tuvo que cumplir con la ley. Gracias a los que leyeron y difundieron. Es una buena noticia, pero a medias. La situación que padeció Matías y de la que pudo salir gracias al apoyo de uno de los equipos de abogados más groso del país y con varios medios denunciando lo que pasaba, es la misma historia por la que están pasando bocha de pibes en todo el país. Si no tenés la suerte de Matías, quizás corras la de William Vargas, el pibe de Mendoza al que largaron luego de que las torturas que sufrió llegaran a las organizaciones de DD.HH. Pero, la mayoría de las veces, no hay ni abogados, ni medios, ni videos. Por todos esos pibes tiene que cambiar la ley de drogas, otro de las enseñas que el turco nos legó.
jueves, 28 de abril de 2011
Marche una nueva ley de drogas
Matías Faray está en cana desde el 14 de abril por cultivar sus propias plantas. El relato policial comparte pormenores con todas las causas en las que actúa una policía que, apañada también por la actual ley de drogas, sigue sumando ilegalidad (como se deduce de sus cajas negras, vínculos y acciones), torturas (como en el caso del peón rural William Vargas y gran parte de los detenidos por diferentes causas) y desapariciones (como en el caso de Mariano Arruga, quien luego de ser levantado por una tuca ingresó a la amansadora de extorsiones que culminó con la pérdida de su paradero).
En lo que a la Justicia respecta, para prueba un botonazo: la jueza de garantías de Morón, Mónica Osornio, quien le niega la libertad a Matías por considerarlo peligroso y en riesgo de fuga, es la misma que le concedió al pedófilo Julio César Grassi el arresto domiciliario.
Liberen a Matías ya.
viernes, 15 de abril de 2011
Usurpadores
Hace unos días tuvimos que hacer tiempo en el barrio más opresivo de nuestra ciudad. Bien precisamente en la esquina de Montevideo y Quintana, en un bar donde el café con leche "en tazón" cuesta casi 20 pesos. Elegimos a la medida de nuestro bolsillo y decidimos que era un buen tiempo para tirar por la borda leyendo diarios y revistas.
Once mesas, máximo. Dos ejemplares de La Nación, uno de Clarín y revistas correspondientes y otras de moda. Cero todo los demás.
Leer La Nación en casa es una brabuconada. Leer La Nación en Recoleta es la posibilidad de entender un poco mejor como realmente piensa el enemigo. Ver algo más de esa estructura vertebrada que guarda un corazón que identifica, vigila y desprecia lo distinto, como todo corazón.
Las palabras, en este contexto, empiezan a lucir su lomo específico, su severidad semántica. Acá hay una manera clara de decir. Policía, inversiones, usurpación, miedo, seguridad, merodear, satisfacción. De este lado de la ciudad todo es exactamente como tiene que ser. Acá la distancia entre significado y significante es casi tan fina como lo que nos queda de voluntad.
Las fotos son del país, mirado desde otro país, robadas desde el otro lado de la muralla y el alumbrado público que custodia el núcleo del que nace la idea del tiempo en la que vivimos todos. El lugar desde el que se precia el tiempo es el tiempo. Porque en Recoleta está el todo que hizo de las partes su ciudad. Pero no hay que confundir las veredas impecables con el amor, ni la pulcritud con el cuidado: en este particular territorio civilizado lo público es una amenaza de lo privado.
Página 14 y 16: En la villa San Martín hay gente que alquila una pieza por 750 pesos. Los corredores escolares fueron creador para que los chicos que van al colegio caminen por calles vigiladas. En este boulevard usualmente se congregan menores drogados que amedrentan y roban. El colegio San Martín de Tours dictará clases de seguridad. Chicas de 16 años merodean la plaza República de Perú. Unos 25 policías no evitaron que 15 familias construyeran casas de material.
Esta es la montaña del decoro, el monte de los olivos, la tierra prometida de los colonos.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Empantanau

No hay obsesión más severa que la identidad. Digamos que una pregunta tan general como "¿qué somos?", en los momentos de polarización política tiende a buscar suelo más firme y, por eso, empieza a apuntalarse tierra adentro. La polarización, en primera instancia, reagrupa en compartimentos amplios y generales, inventa un nosotros más amigable hacia adentro y mucho más compacto hacia afuera. Pero todo nosotros da paso a un entre nos, en dónde la necesidad de indagar por la identidad se torna más exigente, con más adjetivos.
Este devenir, dentro de lo que, muy vagamente, se llama la intelectualidad, acciona pesquizas particulares. A los rusos, por ejemplo, les llegó la hora de delimitar cuál era el deber ser del "escritor soviético", mientras que los norteamericanos tuvieron que producir el alma del "escritor americano". Las maquinarias culturales más grandes de la historia occidental arribaron a una conclusión similar: el problema es siempre lo que se perciba como lealtad. La cosa es que ambas terminaron recortando el objeto literario hasta dotarlo de un valor ético. Esto no sería un problema si no fuese que, por fuera de la obra, existe la vida, ese potrero en el que las definiciones de la ética no pueden ser medidas por un barómetro estético. Entonces y ahora: ¿cómo va a ser el croquis del "escritor kirchnerista"?
Los que escriben sobre los que escriben por estos días reeditan una discusión que tiene mucho de circular y, a la vez, implica una manera de entender la cultura y un grupo de supuestos sobre la acción militante de los escritores.
La primera conclusión a las apuradas es que en el estanque donde se miden la literatura y la política (P/L) los movimientos del agua son como las figuras de una riña de gallos, donde aunque uno mata, termina siendo el otro. Obligados como siempre, habría que pensar los límites entre P/L como el drama de una frontera en que la autonomía se construye entre, por lo menos, dos. Ni estetas, ni realistas. Ni idolentes, ni cacareo obediente. Lo único definitivo es el conflicto y algunas decisiones más o menos trascendentes.
Ante todo, en la actualización de cualquier debate, tienen que caerse algunas categorías teóricas. Se puede heredar una manía, pero no un sistema nervioso ajeno. Por eso, hay que retroceder al origen. La yema de la relación conflictiva P/L reside en la idea básica del hacer. ¿Qué hacer?, la gran rosca empezó con esa pregunta. En el caso de quienes hacen literatura el problema del hacer no debería sólo evitar enfocarse en la obra, sino también permitirse abiertamente discusiones que sepan evadirla. Entonces, una distinción entre quehacer político y producción literaria debería ser radical, pero de un modo radicalmente opuesto al arte por el arte, al arte comprometido e, incluso, al autonomismo.
Rusia en algo nos instruyó. El horror de los comisarios culturales no se fundó simplemente en tratar de imponer una literatura acorde a una construcción de poder, sino en no intentar ganar a los escritores como verdaderos hombres del partido. Centrar la discusión en escribir para la revolución o escribir de espaldas a ella, dejó demasiado de lado que la realidad exigía definirse no tanto estéticamente como sí en clave desgarradoramente política: se es parte de un proceso como individuo o se está en contra o se es indiferente. Los soviéticos, claro, nunca aceptaron la última variante y la consideraron, sin más, parte de la contrarevolución. Pero era Rusia, otra gente y otro siglo.
Lo que parece venirnos de ese pasado helado es algo que tendría que quedar muy en claro: así como una policía cultural nunca es una salida, tampoco es una opción medir niveles de compromiso político exclusivamente a través de la producción de bienes culturales, independientemente de nuestro entusiasmo.
Los debates de los últimos 60 años en torno a la tensión P/L alimentaron un mismo error: sobrestimar la importancia de la obra y ponerla a jugar en el terreno de los deberes o las opciones políticas. Esa tendencia configuró una discusión que sólo se puede dar puertas adentro de una cierta intelligentzia y que, por lo tanto, no verá nunca la luz del sol de todos. Pensar la apertura de los circuitos culturales sólo desde la máquina literaria es, desde la existencia de la radio, una opción reaccionaria. Es, ante todo, suponer que la palabra no escrita (o no escrita desde la protección de la autoridad) es insuficiente para formar una cultura que produzca sus propias alternativas y, al mismo tiempo, implica creer que una cultura producida al reparo puede dar respuestas a la intemperie.
El riesgo de plantear una discusión política en torno al objeto literario nos aleja de la única disputa que debería quitarnos el sueño y que es aquella que se da por el poder. Afinando un poco: la discusión P/L más apasionada, dialéctica mediante, instala la discusión en torno al criterio de autonomía. Su gobierno absoluto, su moralidad y su complejidad dinámica siguen siendo los puntos de vista que conforman los ejes del debate. Pero lo que nos empantana es que el ideal autonomista, como todo ideal, no tiene como vedette el lado vivo del conflicto, sino que posa el ojo y la bala en su fetiche, en este caso: la serie literaria. Como mucho, es la forma de caracterizar una tensión desde la perspectiva de la literatura, o más concretamente, desde el nicho de una intelligentzia cada vez más devaluada y que está, por naturaleza, demasiado lejos de dar respuestas políticas reales. Por otra parte, el adjetivo político aplicado al texto o al autor no deja de ser un capricho de teórico.
Mirándonos el ombligo, volviendo a casa y ahora, si existiera una identidad peronista (o kirchnerista, para que las emociones se ajusten más a los hechos) fuera de una fuerte y fortalecida construcción simbólica, y suponiendo que el hecho de serlo implicase un acuerdo sin fisuras con un proceso político que tiene mucho de inédito, ¿dónde anidaría aquello que llamamos compromiso? Si la respuesta está en la obra, perdimos más de medio siglo de tensiones. Si el sujeto de cambio se diluye en objetos literarios, lo mejor que se cosecha son compañeros de ruta que siguen el proceso político apasionadamente, pero a una distancia demasiado segura, sencillamente porque el entusiasmo nunca es adonde hay que llegar, sino de donde es necesario venir. Eso dejando de lado el oportunismo y la obediencia, dos troncos sin raíz (ni política, ni literaria).
La sensación es que la realidad (no como ente inanimado, sino como el conjunto de hechos sobre los que disputamos definiciones), pide con sus gritos y patadas un cambio de paradigma a la hora de pensar el vínculo P/L. En un contexto donde un viejo orden de cosas, como mínimo, se retuerce, es hora de correr el eje de la literatura como un sobrevaluado agente de cambio en un mundo electrificado, para poder centrarnos en la carne cruda, en la necesidad del sujeto de transformarse en un ente activo e influyente, algo que, en el campo de la política, sólo se resuelve poniendo en riesgo el cuerpo (hoy el tiempo) y, finalmente, algunos saberes específicos; esos conocimientos que, padres con ciertos recursos mediantes, supimos conseguir.
No estaría mal, parados en el comienzo del año que nos toca cruzar, transpirar para que los libros se sigan haciendo, que sobresalten lo necesario y que, para que no sirvan de refugio, nunca exista una literatura kirchnerista.
sábado, 12 de marzo de 2011
Gran Torino
David Viñas, en principio, fue (como Sarmiento y Martínez Estrada) uno de los pocos intelectuales argentinos que miró para atrás y empezó a desenredar teniendo el presente como obsesión. Definitivamente fue el último intelectual que piso Puan 480, especialmente porque lo que le preocupaba excedía el falsete del rigor académico. Lo dejó en claro con 2 o 3 afirmaciones claras, precisas, virulentas y, más que nada, productivas.
Viñas no fue simplemente un profesor pagado por el Estado, ni un escritor comprometido, ni un crítico literario excepcional, fue puro peso específico, porque trazó una línea para seguir a nuestra literatura y nuestros ensayos filosóficos esenciales hasta la cueva en la que reside la trama que nutre nuestra historia de violencia. Literatura argentina y realidad política. En un sólo título se resume todo lo que para Viñas tenía que entenderse, fue su civilización y barbarie, esa dialéctica donde nada puede entenderse en aislamiento. Para Viñas la autonomía era una concesión, que no se había hecho la escuela de Frankfurt, sino quienes la habían leído sin estar bajo amenaza.
Viñas, como docente e intelectual (cosas inseparables en él, como oralidad y escritura, como novela y ensayo, como lectura y denuncia) montaba en cada una de sus apariciones una escena inaceptable: un viejo corriendo a muchachitos bien pensantes por izquierda, siempre y donde fuera.
Y fue la nata del pensamiento argentino del siglo XX porque además de hablar de literatura, hablaba de todo lo que se necesita para que la literatura tenga derecho a demandarnos tiempo. Y su tiempo, el de Viñas, era un lugar donde la transgresión, la provocación y la irreverencia eran hijas del ocio. Siempre se encargó de subrayar la idea de que la modernidad es un lugar donde lo que se disputa es, ante todo, el poder y sus consecuencias, y donde el excesivo amor por uno mismo y por las propias ideas pasa a ser algo bastante parecido a la mezquindad. Para él la clave estaba en la acción universal de un Estado: ese momento en que todos empezamos a estar ante la ley.
A diferencia de los que invirtieron años en sacárselo de encima, Viñas estaba peleado con otra cosa, de carne y hueso, pero otra. No es que Viñas haya sido más grande que sus detractores por ningunearlos, sino porque la disputa, en su caso, siempre era una parábola que terminaba en un lugar bastante más incómodo que las elecciones teórico-críticas.
El problema de toda necrológica es que termine siendo un lloriqueo autoreferencial. En ese caso toda necrológica puede ser una trampa. Me limito a tener un par de anécdotas, como cualquiera que cruzó a alguien significativo en su vida: "Particularice, caballero", fue una sentencia de las que se le escucharon.
Para Viñas todo tenía nombre y apellido, y detrás de cada uno de ellos y sus deshechos había un indicio más para entender un país austral en el que las palabras suaves, los rodeos y omisiones no sirven de legado, ni de refugio.
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